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Los cuadros impresionistas están hechos con manchas de color (se elimina el negro) yuxtapuestas en el lienzo con trazos sueltos de pincel utilizando colores puros, y cada trozo tiene contornos precisos y vida propia. El principal protagonista del cuadro no es ya la forma ni la luz, sino el color.
Quieren captar la impresión que en un momento fugaz producen la naturaleza o la vida, prefieren como tema el paisaje, y por primera vez se inicia el sistema de pintar al aire libre.
Durante el apogeo del movimiento impresionista, las calles y los cafés de París se convirtieron en el lugar de moda de pintores y escritores.
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