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Cultura: no todo es default
Fuente: lanacion.com.ar

El orden del caos
Fuente: elconfidencial.com


Cultura: no todo es default


La Argentina -en este caso concreto, Buenos Aires- acaba de ser anfitriona y silenciosa sede de una de las embajadas más distinguidas que hayan pisado esta tierra últimamente.

Con motivo de la Bienal de San Pablo, tal vez el más trascendente de los acontecimientos culturales de América latina, varios mecenas europeos, representantes de la Tate Modern Gallery de Londres, coleccionistas internacionales y empresarios latinoamericanos vinculados con el quehacer cultural, pasaron por nuestro país, un destino poco frecuentado para la mayoría de ellos.

Esta representación de interesados por el arte argentino se paseó por el Museo Costantini, por otros centros de su interés, galerías y fundaciones durante jornadas agotadoras, dada la avidez que traían.

Resulta conmovedor advertir que el tema del arte signifique un motor que no sólo involucra el arte en sí mismo, sino que también sirve para recorrer nuestras ciudades, nuestros paseos, nuestros restaurantes, conocernos y, como si todo esto fuera poco, darnos una cuota de alegría cuando adquieren obras de nuestros artistas en nuestras galerías de arte.

Es evidente que, para muchos conocedores, la cultura no está en un lugar deshonroso de la casa, como se dijo, sino en la mejor de las vitrinas, y puede transformarse en una renovada forma de las inversiones y de los negocios internacionales para la economía de la Argentina.

Aunque materia para un economista especializado en temas de exportación, es evidente que existe potencialmente un "rubro no convencional" vinculado con el ingreso de divisas, como es el envío al exterior de expresiones de nuestro quehacer cultural.

Volviendo concretamente a la gira de los mencionados coleccionistas -arrancó en Río de Janeiro, pasó luego por San Pablo y Bello Horizonte para finalmente recalar en Buenos Aires-, éstos quedaron absortos con la producción artística local, sus espacios únicos y la calidad de las muestras en exposición.

Es obvio que cuando la globalización, aun la más criticada, aporta beneficios, todos coinciden en que estas sinergias se producen en todos los campos, lo que evidencia el sentido reproductivo que tienen estas movidas culturales.

Corresponde observar lo infinito que es el mundo del arte, qué resonancias imprevisibles lo recorren; basta recordar que, durante el default argentino del verano de 2001, fue justamente el arte una de las increíbles poleas movilizadoras de la esperanza y de la fe. Cuando todo era oscuridad, la actividad cultural iluminó el horizonte.

Es cierto también que este fenómeno excede los ámbitos tradicionales y parece instalarse en los barrios y en los espacios más modestos de nuestra sociedad, como una manera positiva de dar testimonio de esta vital vigencia que adquiere hoy la cultura.

Cuando un país vive momentos inciertos como los que le han tocado y tocan todavía vivir a nuestro país, visitas como las descriptas permiten afirmar que, cuando una sociedad, tiene esta aptitud de producir tamaño interés por su producción cultural, ya sea en las artes plásticas, ya sea en el cine o la literatura, tiene pasaporte cierto a un destino mejor.

Correspondería tal vez reinstalar y debatir seriamente y sin prejuicios temas postergados: la situación de la Biblioteca Nacional, la acefalía en el Fondo Nacional de las Artes o la demorada ley de mecenazgo, para que aporten luz sobre la decisión que tarde o temprano deberá tomar la sociedad sobre cómo estructurar una verdadera política cultural que nos integre a todos como Nación.


El orden del caos


Lo primero que hay que decir de esta exposición que organiza La Caixa es que no es una al uso: no son pinturas, ni fotografías o esculturas estáticas, son tres grandes instalaciones arquitectónicas en las que confluyen una serie de imágenes y sonidos distribuidos por varios canales de vídeo en distintas pantallas.

Lo que propone este joven artista californiano en sus creaciones es la búsqueda de nuevas formas narrativas que reflejen la complejidad del mundo contemporáneo y sus referencias comunicativas. Sus obras convierten al espacio y al tiempo en elementos esenciales, al alterar los tiempos y el ritmo de las imágenes y los sonidos y al manejar el volumen descomunal.

Ensamblando en las pantallas cientos de imágenes con el sonido, de manera diacrónica unas veces y sincrónica otras, crea un universo particular que envuelve al espectador en una atmósfera cautivadora que propicia la exploración de zonas del inconsciente que quizá nunca antes había conocido.

Sus instalaciones de formas y ritmos variados exploran el desorden y sugieren a la vez su facultad de reorganización intrínseca y a posteriori; es decir, el orden del caos como reflejo del mundo actual.

Por eso Doug Aitken recurre a la fragmentación o a la repetición para construir sus historias. Huye explícitamente de la narrativa aristotélica y pretende que el relato deconstruido discurra por el interior del espectador mientras va asumiendo las referencias visuales y sonoras que él propone.

Las tres obras principales de que consta esta muestra son: Blow debris (Escombros que vuelan), Interiors (Interiores) y I am in you (Estoy en ti). Además se exhiben algunas fotografías y una pieza sonora compuesta especialmente para esta exposición.

Permanecerá en CaixaForum de Barcelona hasta finales de septiembre y después se podrá ver en la sala Rekalde de Bilbao.